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Andares el libro
29 noviembre, 2015|Historias de vida

Andares el libro

Andares el libro

En estos momentos, mezclándose entre hierbas de olores y en espera de concentrar a los ingredientes exactos en sabor y proporción, se encuentra cocinando el libro de Andares.

El proceso ha sido cauteloso, muy cuidado, y aún le quedan unos pocos meses de trabajo ya que estos últimos años han visto nacer un racimo de alrededor de 169 historias. Habrá que seleccionar las mejores uvas; aquellas que recibieron comentarios más dignos mereciendo repetir el platillo con una segunda lectura; las que estropeen menos la buena conducta de una técnica narrativa; y previa disculpa, las que a titulo personal huelen a consentidas. Recuerda que puedes leerlos en andaresblog.com y si tienes alguna favorita, coméntalo para ver si la incluimos.

Estos Andares habrán de tener un hilo conductual y de ello se encargará mi abuelo, Don Ramón Mier Rivapalacio, quien como eje principal de un marinado retrato de familia mexicana, nos contará un poco la filosofía de la vida, a través de los Andares.

“La vida es un cuento”, es ya su título. Y esto que viene a continuación es lo que un coleccionista de Andares podría catalogar como la primicia de sus páginas iniciales; así es que vamos, los invito a pasar a la cocina, destapar la olla hirviendo para meter las narices en sus afrodisíacos olores, cerrar los ojos y dejar que su aroma penetre, lento, cadencioso insistente, por los recovecos del recuerdo, la fantasía y la más deleitosa imaginación.

Internémonos pues por estos pasajes en los que, como muchos amigos me han comentado, hay que transitar con precaución porque de un momento a otro, uno puede encontrarse siendo el protagonista del Andares.

Mi mayor deseo es que así sea.

 

Andares, el inicio

Del brazo de su nieta Liliana, el abuelo caminó con pasos muy cortos rumbo al patio de la casa.

Acababan de sonar nueve campanadas en el reloj y eso indicaba que la hora de sentarse a tomar el sol, había llegado.

Con gran esfuerzo, pues don Ramón todavía conservaba atisbos del corpulento cuerpo de antaño, Liliana lo dejó caer en su sillón.

-Ándele, mi coronel, -le dijo besándole la frente, -disfrute este domingo tan especial. Tichita está haciendo un mole rojo riquísimo y para usted los frijolitos de la olla que tanto le gustan. Hoy cumple 80 años, mi coronel, y toda la familia vendrá a saludarlo.

El abuelo sonrió complacido mientras seguía con la mirada a su nieta. Claro que hoy era su cumpleaños y claro que esperaría con ansia la llegada de sus hijos, y muy en especial la de sus nietos y bisnietos.

El sol apenas y lo acariciaba tibiamente. Se cobijó un poco con el grueso abrigo marrón y se cercioró de que su hija Tichita no le hubiera descubierto la cajetilla de cigarros que escondía en su bolso interior.

Era una hermosa casa, ésta de la colonia Campestre en el Distrito Federal; con su calle arbolada y los pajarillos revoloteando con la confianza de que los niños de la primaria de enfrente, hoy no acudirían a clases.

Aunque el cuerpo ya estaba cansado, Ramón recordaba con mucha lucidez que hoy, hacía 80 años, había nacido en Chalco un nueve de abril de 1894.

-¡Hola abuelito! ¡Muchas felicidades! -Le dijo Yoyis interrumpiendo sus pensamientos, mientras Flor se le arrojaba a los brazos.

-Hola hijas. Qué bueno que ya están aquí; son las primeras en llegar.

-Sí abue, con nosotras también vienen mis hermanos…

-Y a tu tío Jorge, hija, lo vi estacionándose, -lo interrumpió Óscar, -su camioneta parece autobús escolar de tantos nietos que te dio, papá, ¡ja, ja, ja!

-Y puros hombres, ¿qué te parece?

En ese momento, comenzaron a entrar los invitados: hijos de don Ramón con sus esposas y cada uno de los nietos. Todos lo abrazaron y lo llenaron de regalos y cariño.

En breves minutos la casa cobró vida. Los adultos se refugiaron en la sala y el comedor de la casa en busca de un lugar más fresco y los nietos se quedaron con el abuelo esperanzados en que quisiera contarles alguna de sus famosas historias.

-Abue… abuelito, cuéntanos un cuento de terror, ¿sí? -Suplicó Luis.

-¡Ándale! El que nos platicaste el otro día de la señora del tesoro embrujado, -apoyo Mauricio.

El abuelo, cargó a Miguelito y lo puso en sus piernas.

-¿No les parece que aun es muy temprano para esas historias? Aquí hay jovencitos -dijo haciéndole cosquillas a Miguelito, -que podrían espantarse.

-¡Uy, si! A mi si me espantan y luego hasta pesadillas me dan, -dijo Juan José, el más pequeño de los nietos.

-Entonces, ¡cuéntanos una romántica! -Pidió la Kiki.

-Ah de esas también me se unas muy lindas y si son pacientes ya se las contaré: de amor, de aventura ¡y hasta de temibles asesinos!

-¡Mis favoritas son las de extraterrestres, abuelito! -Gritó Ale que venía llegando.

-Sí, de esas historias también hablaremos… es más, -continuó don Ramón, mirando a Héctor Manuel, Carlos y a Toño, que ya eran unos jovencitos, -hasta unos cuentos bien picosos que a estos pillos les encantarán; pero antes de comenzar ¿qué les parece si Juanito nos platica qué es lo que le provoca las pesadillas?

Juan José miró con ternura al abuelo y bajando la cabeza le respondió muy bajito para que sus primos no se burlaran:

– …No soy miedoso abuelo, te lo juro, lo que pasa es que a veces, cuando ya me dormí, ¡la pesadilla se mete en mi cabeza sin avisar!

-Ven pequeño, -le dijo el abuelo colocándolo junto a él, -soñar es algo muy bello y tu mente es tan poderosa que tú mismo puedes elegir lo que dejas entrar a ella y expulsar a los pensamientos que no te gusten…

-¿Cómo, abuelo? O sea que si yo quiero ¿puedo espantar a mis pesadillas?

-¡Claro! Y para demostrártelo te voy a contar la hazaña con la que mi divina bisnieta Maryfer salvó a su pequeña e indefensa hermanita Cindy de ser devorada por un temible pato gigante comebebés.

-¡Ooohhh! –Exclamaron a coro los más chicos, -¿es eso cierto?

-Claro, es una gran heroína.

-Oye, abuelito, -preguntó Gerardo, -¿y en serio, todas tus historias son verdaderas?, ¿realmente pasaron?

-Desde luego que si, Ger. Y ¿saben qué? ¡Vengan, acérquense! Les voy a contar mi gran secreto…

Todos los nietos hicieron una bolita alrededor de don Ramón y escucharon muy atentos.

-…La vida, en realidad es un cuento; un largísimo y bello cuento de muchos, muchos capítulos y cada uno de nosotros tenemos la posibilidad en nuestras manos de hacer de cada pequeñísima parte de esa gran historia, una aventura inolvidable, ¿ya me entienden?

-¡Sí abuelo!, -contestó Lorena, -como cuando nos contaste la historia del niño que de regalo de navidad pidió tener una mamá… ¡qué emoción cuando se le concedió el deseo!

-¡Exactamente! Puedes hacer realidad lo que gustes, ¡no hay imposibles! Y como esa historia y muchas más escucharán el día de hoy, ¿están listos?

-¡Siii!, -gritaron levantando los brazos.

-Adelante, ¡cabalguemos por los Andares de la vida!

Para comenzar, les voy a contar la historia del nacimiento de Cindy, la más pequeña de mis bisnietas…

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Alejandro Mier
"Mis Andares, no son más que historias de esas que escuchamos a diario y que por creerlas de interés o que aportan algo en este loco afán de tratar de entender el comportamiento humano, me parecieron dignas de dejarlas por escrito. Te aseguro que después de leer algunos de mis Andares, notarás que tú también tienes muchas historias que merecen contarse... si las quieres compartir, son bienvenidas! Por lo pronto, será un placer encontrarte... en los Andares de la vida".